
Suelo estar escuchando música. Si no, mi cabeza funciona como radio y tararea melodías que elige aleatoriamente. Últimamente, la programación radial no ha estado de mi completo gusto. Debe ser la banda sonora que eligió mi mente para acompañar a una ciudad que parece ya no brillar tanto.
Para remediar este impasse opte por rescatar mi viejo walkman y escuchar la colección de cassettes que tenía olvidada en casa de mis padres. Hay discos que nunca más volví a escuchar, no porque no me gustaran, si no por un asunto de formato. Volver a ellos es como mirar fotos antiguas. Con cariño pero con cierta distancia.