sábado, diciembre 24, 2005

Cat People


Hace un tiempo, fui atacada por polillas. Aparecían en los momentos más inesperados, en el baño, entre mis libros, en sueños. De todos estos encuentros, recuerdo sobre todo una noche en la que caminaba de madrugada por el puente Pío Nono. Miré el cielo y vi como los faroles de la ciudad atraían cientos de mariposas nocturnas que bailaban alrededor de la luz.
Podría decir que esa noche pensé en como nosotros somos esas polillas buscando la luz con desesperación, dando tumbos, chocando unas con otras, pero no es cierto. Sólo me quedé con la imagen de la nube de insectos en la madrugada.
Poco tiempo después, las polillas desaparecieron. Nunca más fui visitada por una. En su remplazo, un gato negro se cruzaba por mi camino cada vez que regresaba a casa. En la misma calle, el mismo gato esperaba pacientemente la hora de mi regreso para atravesarse en mi ruta.
Siempre me han gustado los gatos. Nunca le he temido a los gatos negros. Por eso, cuando al poco tiempo de haberse transformado esto en una rutina, el gato apareció en mi edificio, no me extraño su silenciosa observación de mis movimientos al regresar a casa.
Pero hoy lo encontré bebiendo agua de la bañera. No sé lo que ocurrirá.

4 comentarios:

Malayo dijo...

Desde afuera uno puede ver que las polillas se equivocan al acercarse a una vela. Por eso, seria ideal poder estar observandose a uno mismo mientras camina de noche. Pero para eso es necesario salirse de uno un poco.

Anónimo dijo...

que linda metafora la de las polillas, yo mas que polilla me siento como una rana o un reptil enfermo que intenta salir de las aguas turbias del mapocho tratando de alguna luz de esperanza. La cuidad está cada vez más triste y los amigos sufren por penas de amor.
me pregunto también que hacía el gato en la bañera.

Kopax dijo...

Yo creo que el gato negro es el cola de flecha que viene a negociar contigo.

popocatepétl dijo...

pero lo que podrías haber pensado en realidad lo pensaste, y lo pensamos todos, al menos todos los que nos hemos quedado con la imagen alguna vez: la luz ansiada está ahí al alcance ,siempre, pero es una luz caliente, de tal manera que los tumbos, la desesperación provienen de la progresiva quemadura en nuestros frágiles cuerpos