
Éste es el lugar de los espejos. Los hay de todos los tamaños, formas y estilos. Los venden en las esquinas, hombres, reflejos de hombres, sombras que se reflejan en los espejos. Tras cada uno de ellos hay una historia sin contar. Una historia que se insinúa en los espejos, en las miradas que dan los hombres ocultos detrás de una imagen.
La condena que pronuncian los espejos de 10 de julio es estar preso en la esquina de la rabia, en una ciudad que tiene rabia por todos lados. Es tener que ser el bad guy de la historia y vivir en una batalla: 10 de julio, Huamachuco.

