jueves, marzo 08, 2007

Washington



Hace dos semanas estuve de visita en Washington, en un seminario de la Fulbright. Fuera del típico discurso y talleres para "líderes" (concepto que encuentro cada vez más peligroso, sobre todo para aquellos que se lo toman a pecho) me la pase muy bien. Eramos cerca de 100 estudiantes de todas partes del mundo, tanto que al final era más fácil aprenderse el país de cada uno que el nombre. Tuvimos suerte de coincidir con Alessandra y Sonja, amigas que conocí en Miami a mi llegada a US y que viven también en NY. Lo poco que alcancé de conocer de D.C. me parecío una ciudad un poco fría y que en toda su monumentalidad transmite el sentido de poder de los gringos.
El único punto bajo fue una noche que tuvimos que ir a comer a casas de gringos como parte de las actividades del seminario. A mi me tocó ir a la casa de una pareja con una indonesa y un filipino. El dueño de casa llevaba un pin con la bandera de US en su chaqueta. Ahí comencé a intuir que las cosas no iban a andar muy bien. La casa era muy pequeña y tenía la tremenda tele, jaja, obvio. Lo extraño era que lo único que colgaba de las paredes era una reproducción de un cuadro de Cristo y un afiche ruso. Al parecer, ella había vivido con su familia en Rusia por el trabajo del padre (luego entendí que no era un trabajo muy transparente). Sobre el de Cristo, me contó que su padre se lo había regalado cuando ella estaba pasando por un momento difícil. Ambos eran extrañísimos. Ella tenía un comportamiento bastante histérico y él tenía la mirada perdida. Además, hay que decirlo, comía como un cerdo. Lamento no haberles tomado una foto. Durante la comida note que ella tenía una cicatriz en el cuello. Una vez una amiga me comentó que esa cicatriz la tenían los que se habían tratado de suicidar. Entonces me pasé la película completa: su vida estuvo marcada por conflictos con el padre, tanto, que se había tratado de suicidar y luego apareció freak que se parecía al padre, pero que la aceptaba y la quería y la salvó. Era una buena historia y a mí me hacía mucho sentido.
Pero lo peor vino después. Durante la comida, freak justificó la guerra de Irak como preferible a la dictadura previa y ella encontraba que la no firma del protocolo de Kyoto había sido buena para que la gente "tomara conciencia", ya que de otra manera nadie se preocuparía del tema ambiental. Evidentemente no me pude quedar callada. El filipino, que se juraba Keanu Reeves en Point Break, un chaquetero y la indonesa como si nada. La situación fue totalmente incómoda. Lo pase pésimo, me pregunté qué hacía en este país. Eran los primeros republicanos que conocía y era para salir corriendo. Me sentí profundamente agredida. Y la verdad es que no sé por qué las cosas me afectan tan personalmente, quizás porque me apasiono demasiado.
Supongo que eso es algo que nunca va a cambiar en mi.

6 comentarios:

Rodrigo S. García Palma dijo...

Que guapa la del medio... mis comentarios soon

Rodrigo S. García Palma dijo...

Chica que bueno que te das cuenta del peligro detrás de la palabra "lider". Aparte de ser un supermercado chupasangres, es una llamada teutónica al aplastamiento de una voluntad de un ego que no nos pertenece.-
bueno y te das cuenta del peligro de la palabra "Gringo".
Forza y cariños!

e r r a m u n d o dijo...

Uf, republicanos... no pudiste escribirlo mejor. Q lata la onda, ojalá no de nuevo.

Adelante con la pasión Carmina, tenemos q aprender a no cuestionarla.
La música q mandaste a mi blog, cabe absolutamente en la categoría...

Un beso.

PD: responda las preguntas q se le hacen a su correo...

e r r a m u n d o dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Dulcinea dijo...

QUE SUSTOOOOO!!!

Isabel Brinck dijo...

nunca digas nunca.

te quiero,
tu prima (que no te pudo saludar en tu cumpleaños por estar de viaje)