lunes, noviembre 20, 2006

E.R. (o cuando las pastillas ya no sirven)


Son las 1.30 de la mañana de la madrugada. Estoy sola, mi roomate está en Chile. Una vecina canta "I love Paris". Me gusta esa canción. Me pican los ojos y tengo miedo, no puedo dormir. No puedo dejar de pensar en cuanto me pican los ojos entonces parece que me pican más. Ayer amanecí con el ojo hinchado, luego el rostro. Luego todo empeoró. A las 5.30 de la mañana tuve que partir al Emergency Room. Carola me acompaño, que buena tela Carola. Que horror mi cara anoche. Parecía como si me hubiesen golpeado, me miré al espejo y me puse a llorar. Qué miedo me dió. Que bueno que Carola me contestó el teléfono. Que aperró conmigo hasta las 8 de la mañana, cuando nos tomamos un taxi y ya había amanecido. En la radio sonaba un bolero.

No sé que es lo que mis ojos no quieren ver que me pican tanto. Tomo remedios. Los tomo y todavía me siguen picando. El derecho, sobre todo. Hoy me siento sola, sola. Quizás eso es lo que mis ojos no quieren ver.
Cuando chica pasaba metida en los hospitales. Supongo que era para llamar la atención. Ahora no es muy buen negocio. Además, que no sé a quién pedirle un abrazo o una aguita de hierbas. O quizás no me atrevo. No sé.

Igual parezco Roky, así que es mejor que nadie me vea.
Uff, ojalá el próximo post sea más fashion.




miércoles, noviembre 15, 2006

¿Hagamos una fiesta?



Tengo días buenos y días malos, o dejémoslo en no taan buenos. Por lo menos esos días sirven, para escribir poemas por ejemplo. O para darse permisos, como comer chocolate. Supongo que por sobre todo, sirven para aprender. Y creo que el otro día, en algún espacio de tiempo entre este post y el anterior, caí en cuenta de que estaba aprendiendo a estar sola. Porque nunca había estado realmente sola. Siempre, siempre había alguien a quien recurrir, cerca, muy cerca. Pero aquí las circunstancias son distintas. Hay amigos, sí. Se van armando redes, claro. Pero por mientras, descubrí lo que era estar sola. Y no me morí. Y ahora me siento más bacán.

Ayer fui al cine. Ví María Antonieta. Me resistí harto tiempo porque no se que critico había dicho que era mala. Pero la publicidad y la música y Versalles y la bruja que una vez me dijo que yo había sido como María Antonieta en alguna vida pasada (y yo creo en las vidas pasadas), influyeron para comprar el ticket. Y como me pasó con Lost in Translation, no podría hablar del guión, o de la foto, pero de que todo eso en conjunto me dejó con la sensación de un lugar conocido. No me puedo sacar de la cabeza la escena del cumpleaños de María Antonieta cuando van a a ver el amanecer con los amigos y toman champaña mientras sale el sol.

Y si he aprendido a estar sola, también he aprendido a valorar lo que está lejos. Y extraño irme de parranda con los amigos, bailar bailar bailar y seguir bailando, tomar vino mientras afuera amanece.

Aquí también he bailado, he bebido y me he reído. Es solo que el sol sale por otro lado.